Cada día, un hombre iba al cementerio a dormir sobre la tumba de su madre.
Esta extraña costumbre atraía las miradas y los gemidos de los transeúntes. No entendían por qué persistía en quedarse allí, noche tras noche, sin separarse jamás de ella. Su atractivo superaba todo lo imaginable.
Para él, la presencia de su madre no terminaba con la vida. Dormir a su lado parecía brindarle una profunda paz. A pesar de la evidente tristeza, no mostraba señales de querer irse. Su cuerpo descansaba allí, pero su mente parecía anclada en otro mundo, donde su madre siempre estaba presente.
Este ritual, tan singular como era, hablaba de una fuerza extraordinaria. Soportó la fatiga y las inclemencias del tiempo, y a menudo desobedeció condiciones difíciles. Esta perseverancia deleitaba a quienes pasaban junto a él, aunque muchos se mostraban escépticos. Pocos sabían que este hombre había tomado una decisión basada en el amor y la fidelidad.
Una mañana que lo cambió todo

La vida de este hombre cambió por completo por un incidente ocurrido un día al amanecer. No se sentía como él mismo esa mañana. Parecía haber una nueva energía en el aire, casi como una carga. Miró a su alrededor tras abrir los ojos. Sintió un hormigueo en la espalda ante lo que presenció.