Cada mañana, Marisol enciende el motor de su camión y comienza su ruta por las carreteras. A sus 34 años ha aprendido a moverse entre el ruido del tráfico y el cansancio de los viajes largos. Hoy, mientras el sol apenas aparece, piensa en algo especial: su hijo cumple años, y aunque no podrá abrazarlo de inmediato, su corazón viaja con él en cada kilómetro. Conducir un camión siendo mujer no ha sido sencillo. Ha enfrentado largas jornadas, el peso del trabajo y la distancia, pero también la satisfacción de saber que con su esfuerzo sostiene el hogar. En cada entrega, siente que avanza no solo por la carretera, sino también por la vida, construyendo un ejemplo de valentía y amor para su hijo. Esta historia nos enseña que ser madre no se trata solo de estar presente, sino de hacer todo lo posible para brindar un futuro mejor. Marisol demuestra que el amor verdadero también se conduce con las manos firmes y el corazón lleno de esperanza.

Mi amiga íntima me repetía una y otra vez: “Tienes que seguir adelante”, y aunque parecía imposible, al final encontré la manera de sobrellevarlo.

Siempre estuvo ahí para mí, ofreciéndome consuelo mientras mi dolor se volvía insoportable.

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