
Últimamente vimos a un pingüino que dejó las habituales costas heladas y se adentró en las montañas cercanas. A diferencia de las áreas planas y congeladas a las que estaba acostumbrado, las montañas eran rocosas, irregulares y expuestas al viento. El pingüino se movía con cuidado, sorteando pendientes y pequeños arroyos, adaptándose al terreno desconocido. La gente a menudo se pregunta: “¿Por qué un pingüino dejaría el mar para subir a las montañas?” La razón parece simple: curiosidad y supervivencia. Los pingüinos a veces exploran nuevas áreas en busca de alimento, lugares más seguros para descansar o simplemente para conocer mejor su entorno.








