
La lectura desempeña un papel poderoso en la primera infancia y tiene un impacto duradero en el desarrollo general de los niños pequeños. Cuando los adultos leen frente a los niños, estos están expuestos a un lenguaje rico, nuevo vocabulario y diferentes formas de expresar ideas. Esta exposición temprana ayuda a los niños a desarrollar fuertes habilidades de comunicación y escucha, que son esenciales para el aprendizaje futuro. A través de los cuentos, los niños comienzan a comprender cómo funciona el lenguaje y cómo las palabras pueden usarse para describir el mundo que los rodea.
La lectura también apoya el desarrollo cognitivo al fomentar la imaginación, la curiosidad y el pensamiento crítico. Los libros ilustrados ayudan a los niños a reconocer colores, formas y objetos familiares, mientras que la lectura repetida fortalece la memoria y la capacidad de atención. Ver a los adultos leer modela comportamientos positivos y muestra a los niños que la lectura es divertida y significativa, ayudando a desarrollar un amor por los libros y el aprendizaje que puede durar toda la vida.
Además de los beneficios académicos, la lectura en la primera infancia apoya el desarrollo social y emocional. El tiempo de lectura compartido crea un ambiente cálido y seguro donde los niños se sienten consolados y conectados con el adulto que les lee. Esta experiencia fortalece los vínculos afectivos y ayuda a los niños a desarrollar seguridad emocional, empatía y habilidades sociales. En general, la lectura es una actividad sencilla pero mágica que nutre el desarrollo del lenguaje, el pensamiento y las emociones, convirtiéndola en una parte esencial de la primera infancia.