Regresé a casa sin avisar… y escuché a mi nuera decirle a mi hijo discapacitado: “¡Tu gorda madre… Regresé a casa sin avisar y escuché a mi nuera decirle a mi hijo discapacitado:

Gracias por mostrarme tu verdadera cara.

Esta casa ya no es tuya, ni mía. Ya no existe para nosotros.

Espero que el eco de tus palabras retumbe cada noche en estas paredes vacías.

Te deseo lo que mereces.

—La gorda madre de Mateo.”

Nos fuimos lejos. Compré una casa más pequeña, pero llena de paz.
Mateo empezó terapia. Poco a poco volvió a sonreír.
Y yo… yo volví a respirar.

Una semana después, supe que Isabela había regresado y se encontró con la nota, la casa vacía y la noticia de que ya no tenía nada.

Dicen que gritó, lloró, rompió todo lo que pudo.
Pero ya no había nadie para escucharla.

Y eso… eso sí que fue justicia.

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