Sabías que si consumes molleja de pollo… tu cuerpo puede beneficiarse

  1. Alto aporte proteico: ideal para reparar tejidos y mantener masa muscular.
  2. Fuente de hierro fácilmente aprovechable: recomendable para quienes disminuyeron hierro en sangre (anemia), siempre que no exista contraindicación médica.
  3. Rica en vitamina B12: esencial para la formación de glóbulos rojos y el sistema nervioso.
  4. Buena relación calidad-precio: las vísceras suelen ser más económicas que otros cortes y aportan nutrientes densos.
  5. Versatilidad culinaria: se puede asar, guisar, saltear o usar en tacos, brochetas y guisos.

Dato útil: si estás en entrenamiento o buscas proteínas económicas y con buen perfil nutricional, la molleja puede entrar en tu plan alimenticio ocasionalmente.

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¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando la consumes?

Tras una ingesta moderada y dentro de una dieta balanceada, tu cuerpo recibe proteínas, hierro y vitaminas que favorecen la energía, la recuperación y el transporte de oxígeno. No es un alimento «milagroso», pero sí un complemento nutritivo.

Si se consume en exceso (por ejemplo, frita y muy grasosa), puede incrementar la ingesta calórica y de grasas saturadas, lo que a la larga podría afectar niveles de colesterol y salud cardiovascular. Por eso es clave prepararla de forma saludable.

Precauciones y contraindicaciones

  • Colesterol y grasas: si tienes hipercolesterolemia o riesgo cardiovascular, consume molleja con moderación y evita frituras frecuentes.
  • Higiene y cocción: como cualquier víscera, debe cocinarse correctamente para evitar riesgo microbiológico. No la comas cruda.
  • Alergias o intolerancias: raras, pero si notas malestar digestivo tras consumirla, consulta a tu médico.
  • Consumo por embarazadas: no prohibido, pero consulta por la carga de vitaminas y posibles contaminantes según origen.

Cómo elegir y limpiar molleja de pollo: pasos prácticos

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