- Alto aporte proteico: ideal para reparar tejidos y mantener masa muscular.
- Fuente de hierro fácilmente aprovechable: recomendable para quienes disminuyeron hierro en sangre (anemia), siempre que no exista contraindicación médica.
- Rica en vitamina B12: esencial para la formación de glóbulos rojos y el sistema nervioso.
- Buena relación calidad-precio: las vísceras suelen ser más económicas que otros cortes y aportan nutrientes densos.
- Versatilidad culinaria: se puede asar, guisar, saltear o usar en tacos, brochetas y guisos.
Dato útil: si estás en entrenamiento o buscas proteínas económicas y con buen perfil nutricional, la molleja puede entrar en tu plan alimenticio ocasionalmente.
[ESPACIO PARA BLOCK ADSENSE MEDIANO]
¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando la consumes?
Tras una ingesta moderada y dentro de una dieta balanceada, tu cuerpo recibe proteínas, hierro y vitaminas que favorecen la energía, la recuperación y el transporte de oxígeno. No es un alimento «milagroso», pero sí un complemento nutritivo.
Si se consume en exceso (por ejemplo, frita y muy grasosa), puede incrementar la ingesta calórica y de grasas saturadas, lo que a la larga podría afectar niveles de colesterol y salud cardiovascular. Por eso es clave prepararla de forma saludable.
Precauciones y contraindicaciones
- Colesterol y grasas: si tienes hipercolesterolemia o riesgo cardiovascular, consume molleja con moderación y evita frituras frecuentes.
- Higiene y cocción: como cualquier víscera, debe cocinarse correctamente para evitar riesgo microbiológico. No la comas cruda.
- Alergias o intolerancias: raras, pero si notas malestar digestivo tras consumirla, consulta a tu médico.
- Consumo por embarazadas: no prohibido, pero consulta por la carga de vitaminas y posibles contaminantes según origen.